La chica de la pizzería argentina

Estaba con un amigo por el barrio de Orriols, uno de los barrios más pobres y peligrosos de Valencia, pero mientras no cayera la noche, no habría problemas.

Tras unas cervezas en un bar de enfrente, entramos a la pizzería para compartir una pizza enorme de mozzarella.

Al fondo había tres chicas de entre 27 – 32 años, y una de ellas, mientras me miraba, pareció decirle algo a su amiga sobre mí. Evidentemente, yo no tenía ni idea de qué, pero ante la duda, prefiero siempre pensar que le he llamado la atención.

Durante la cena no podía evitar mirarla.

Tenía el pelo rubio, ondulado, carita de no haber matado una mosca en su vida y una nariz peculiar que solo hacían más dulces y sexi sus facciones. Llevaba un vestido color granate con un escote de lo más apetecible, ni mucho, ni poco pecho, sencillamente devorable toda ella.

Me di cuenta de que ella también me miraba de vez en cuando, aunque la que más miraba era la amiga a la que le había dicho algo a mi llegada.

Mi amigo y yo cenábamos, hablábamos y reíamos mientras yo le daba vuelta a si decirle algo o no, y el qué.

Me sorprendí bastante tranquilo ante la posibilidad de hacerlo, aunque sabía que llegado el momento los nervios aumentarían.

¿Se irían antes que nosotros y podría salir un rato para hablar con ella en la calle? ¿Nos iríamos antes nosotros y me tendría que acercar a la mesa?

Acabamos de cenar y las chicas tenían pinta de no largarse pronto de allí.

Pedimos la cuenta, pagamos y salimos.

Pocos pasos después se lo dije a mi amigo.

– Creo que no te has dado cuenta por qué estabas de espaldas, pero había una rubia muy linda y creo que nos hemos gustado, estoy pensando en decirle algo.

– Díselo

– No sé, estoy nervioso, pero es de estas ocasiones en las que no haces nada y luego pasas días lamentándolo.

– Dale.

Nos dimos la vuelta, dirigiéndonos de nuevo hacia la puerta.

– ¿Qué le vas a decir?

– No tengo ni idea. Uf! que nervios! Voy para allá

Entré, recorrí todas las mesas hasta el final y me planté frente a ellas

– Disculpad que os interrumpa, tengo que preguntarle una cosa a ella (la señalé)

– ¿A mí? Dijo sorprendida

– Te ha pasado alguna vez que alguien te ha llamado la atención, te han entrado ganas de conocerle , no has hecho nada y luego te has arreentido?

Estallaron las risas.

– No… No lo sé. Jaja

– Pues yo si, y es lo que no quiero que me vuelva a pasar contigo

Las amigas: – Oooooh!

Estaban encantadas, y ella también, aunque parecía experimentar los mismos nervios que yo. Aunque mis nervios, ante la cálida acogida de todas, bajó drásticamente y sentí más manejo de la situación.

Una de ellas, que parecía ser la líder, se dispuso a orquestar el encuentro.

– Me caes bien amigo, siéntate aquí

– Me siento 1 minuto, que tengo a mi amigo fuera.

– Le estás encantando a amiga eh, que lo sepas, además, es su cumpleaños

– Qué maravilla, felicidades, ¿cuántos cumples?

– 32

– Que bien, yo tengo 36, no está mal, ¿no? Perfecto si nos hacemos novios

jajajaja

– Por cierto, soy Manu

– Yo Andrea

Hablamos un poco más, algo que me ocurre cuando estoy nervioso es que luego no recuerdo bien las conversaciones, pero eran cosas banales, como que una de ellas había sido socorrista y que yo, después de unos años también de socorrismo, ahora estaba en Valencia trabajando en marketing.

– Pues Andrea, quiero tu número, y vosotras (me dirigí hacia las amigas), ya que os he caído bien, me vais a ayudar.

– ¡Claro que te lo va a dar! Dáselo Andrea

Andrea no podía parar de reír, atónita ante lo que estaba pasando

– Creo que me lo tenéis que dar alguna de vosotras, Andrea no puede hablar.

– ¡Que si joe! Toma apunta 6xx xxx xxx

– Genial, pues que sepas que casi no me atrevo a venir, pero ahora me alegro mucho de haberlo hecho. Ha sido un placer, chicas, pero mi amigo me está esperando. ¿Me das dos besos?

– Claro. Muac, Muac,

– Que paséis buena noche. Ciao.

Salí de allí contento como un niño en una feria y me reencontré con mi amigo.

– Tío, ha salido de puta madre. Fiu! No sabes como me alegro de haberme atrevido.

Le hice un audio al llegar a casa, a la mañana siguiente me encontré con este mensaje.

 

Captura de WhatsApp

Como puedes ver, se podría decir que no ha valido de nada.

Pero amigo, a pesar de que no creo que vuelva a ver a esta chica, siempre tendré en la cabeza este recuerdo memorable, de mí siendo valiente y de ellas, acogedoras y valorando lo que hice.

Esta chica no estaba preparada para quedar ahora con nadie, pero le alegré la noche y vieron que hay hombres valientes y educados que se atreven a que las cosas sucedan. Y eso, es mejor quizás que un polvo.

¿Te gustó este Post? Compártelo en tus Redes Sociales

Twitter
LinkedIn
Facebook
Telegram

Autor: Tú mismo

Breve descripción tuya

Comentarios del post - Anímate y cuéntame qué te ha parecido

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *